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La fama de Francisco de Miranda como casanova durante su vida es bastante conocida, pero es oculto su gusto por los burdeles y las prostitutas. A Miranda pudiera compararsele con un contemporáneo suyo, el Marqués de Sade.
Sus viajes por Europa significaban correrías nocturnas en Roma, Amsterdam, Copenhagen, Londres, Hamburgo, Kiev, etc. Miranda deja constancia de ellas en su Diario concluido en el 1792 y publicado completamente en 1929, cita:
En Copenhaguen: «La comedia… concluyó un poco después de las 9… fui a ver un poco los burdeles, que encontramos ya sin música… las mujeres y las muchachas estaban a la puerta llamando… Y luego nos fuimos a casa de la moza que tendrá 18 años, y es muy novicia, con quien dormí toda la noche y no pude chapar más de 2 veces». En la misma ciudad señala: «Vino mi moza la criadita a las 8, se metió en la cama y estuvimos allí hasta las 10 y media».
Su compañero en Praga el norteamericano coronel Smith cita en su diario: «Fuimos a un burdel, pero su aspecto era tan vulgar que yo me retiré. Miranda se quedó».
En Livorno: «Esta es la única ciudad en todo el estado en que actualmente se toleran las putas… públicas: hay 2 calles destinadas para que allí puedan vivir».
En Roma: «Fuimos hacia allá y encontré una muchacha de 18 años, decente y muy bien parecida, más que no quería franquearse a la primera visita y daba esperanza de hacerlo en la segunda. Yo solté los registros de mi persuasión, y al cabo de mucho rato lo hube de conseguir, con la promesa de no derramarme dentro. Le di un cequí, que aquí es muy buena paga… Tiene muy buen goce».
Hamburgo: «me fui… a casa de la señora Poppe… y nos tenía prometido buenas mozas… y me dio una criadita de 16 años, no mala que me tiré… Pasamos a otro Partenón y vino una mucho mejor y lúbrica, que se desnudó, y así también la despaché muy pronto».
En Kiev: «Después a casa, donde lo pasé leyendo hasta las siete… El Compañero se fue en el coche y yo me quedé con mi ninfa en la cama. Era muy buena y así me recreaba; mas no lo dejaba meter; yo creía que fuese virgen y temiera el dolor. Se levantó como para volver, más no aparecía… En éstas, chapé a la criada y me fui».
Autor: Emilio Acosta.
Fuentes: Diario de Miranda: Copenhagen: (t. VI, p. 155) ; Livorno: (IV, p. 243-244) ; Roma: (t. IV, p. 285) ; Hamburgo: (t. VI, p. 393); Kiev: (t. V, p. 149-150) - Praga: Diario del coronel Smith: (t. III, p. 136).
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